Lanzarote, la isla de los volcanes y los paisajes lunares, no solo cautiva por su singular geología, sino también por albergar una joya apícola única. Se trata de la abeja negra canaria (Apis mellifera mellifera subspecies major o Apis mellifera ssp. cypria según algunas clasificaciones, aunque la primera es más aceptada), y por ende, la miel que produce. Esta subespecie de abeja, adaptada durante miles de años a las condiciones climáticas y florísticas de las Islas Canarias, es un patrimonio genético invaluable, y su miel es un reflejo del singular ecosistema de la isla. Hoy, en el blog de First Minute Excursions y Last Minute Transfer, os hablamos sobre la miel de abeja negra en Lanzarote.

Miel de abeja negra en Lanzarote

La abeja negra canaria se distingue de otras subespecies por varias características: un color más oscuro (casi negro), un tamaño ligeramente mayor, un comportamiento más manso y una notable resistencia a enfermedades y parásitos como la Varroa destructor.

Su adaptación al clima árido y ventoso de Lanzarote, con inviernos suaves y veranos calurosos, la hace especialmente eficiente en la recolección de néctar de la flora local, a menudo escasa y dispersa.

Sin embargo, esta subespecie endémica se enfrenta a serias amenazas, principalmente la hibridación con abejas foráneas introducidas por apicultores que buscan una mayor producción de miel. Esta hibridación diluye su genética pura y pone en riesgo su resistencia y adaptación a las condiciones locales, haciendo que su conservación sea una prioridad.

Una miel muy particular

La miel producida por la abeja negra en Lanzarote es un fiel reflejo de la flora autóctona de la isla. Dado el paisaje volcánico y la escasez de grandes extensiones de flores, la miel de Lanzarote tiende a ser multifloral, es decir, elaborada a partir del néctar de diversas especies de plantas que florecen a lo largo del año.

Entre las más comunes se encuentran el tajinaste, la barrilla, tababibas, cardones, flora de barrancos y futales.

Debido a esta diversidad floral y a las condiciones climáticas, la miel de abeja negra de Lanzarote suele tener características organolépticas muy particulares.

Su color puede variar desde tonos ámbar claros hasta más oscuros, dependiendo de las flores predominantes en cada época. Su textura es generalmente densa y con tendencia a cristalizar, lo que es un signo de pureza y calidad.

En cuanto al sabor, es complejo y con matices, a menudo con notas que recuerdan a la flora volcánica y silvestre, con toques minerales o ligeramente salinos, lo que la hace única. Su dulzura es característica de la miel de alta calidad.

Finalmente, su aroma es floral y persistente, evocando los paisajes de la isla.

Un tesoro por valorar y proteger

La miel de abeja negra de Lanzarote no es solo un producto de la colmena; es un símbolo de la biodiversidad de la isla y un testimonio de la adaptación natural. Su producción es limitada y, a menudo, valorada por su pureza y por ser el resultado del trabajo de una especie única.

Cada tarro de esta miel encapsula el paisaje volcánico, el sol de Canarias y el incansable trabajo de estas abejas. Su consumo no solo es un placer para el paladar, sino también un acto de apoyo a los apicultores locales que se esfuerzan por conservar la pureza genética de la abeja negra canaria, protegiendo así un valioso patrimonio natural de Lanzarote.